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No es momento de ir en calzoncillos

No es momento de ir en calzoncillos

“[…] esta chica tan guapa”. Así se dirigió Carlos Saura a Penélope Cruz en la pasada gala de los Goya. Este era el momento en que tendrían que haber entrado en combustión todos esos abanicos de la sala, agitándose como si no hubiera un mañana. Pero es que aunque de márketing vamos sobrados, no caemos en los detalles, que son los que en realidad importan, las palabras. “Estoy aquí muy emocionado de estar con esta chica tan guapa”, le dice él. “Y yo de estar aquí contigo, por Dios”, contesta ella. 30 años de carrera profesional, 45 películas a sus espaldas, figura internacional con 22 premios entre Oscars, Baftas, Palmas de Oro y Goyas… y una oportunidad perdida de poner esta gala de los Goya en el mapa de la actualidad por las razones correctas. “Muchas gracias Señor Saura, y también sé sumar” le habría contestado yo. Pero yo no estoy frente a miles de personas y he tenido más de una fracción de segundo para pensarlo. Y fíjate, aún salgo con algo tan malo porque cuando hay que actuar y enfrentarse a la condescendencia, es fácil que las palabras se atasquen.

Son actos como éste, micromachismos camuflados de adulación, que minan las buenas intenciones y se cuelan en la cultura y en las mismas raíces de nuestra raza. Llevamos en la sangre el piropo y lo dejamos salir aunque no sea solicitado o adecuado. Y no es que sea malo decirle a una o a uno lo guapo que está de vez en cuando, lo verdaderamente dañino es cuando esto es ciertamente lo único que se te ocurre decir sobre una persona con méritos de sobra para merecer más. Porque ‘guapa’ no es lo mejor que se le puede decir a una mujer.

Y en ocasiones es el momento lo que no funciona. Lo mismo que uno no va a una reunión en calzoncillos, como Pedro por su casa, tampoco toca decir en una gala de cine, donde se promueve el equiparamiento profesional de la mujer en una industria donde ésta cobra un tercio que el hombre, “esta chica tan guapa” como si fuese lo único que alcanzas a destacar, o como quien comenta el tiempo. Estos detalles pasan de largo en una audiencia que sólo ve abanicos rojos mientras seguimos siendo los de siempre, los de la palmadita en el trasero y la risa pícara.

En Estados Unidos el movimiento #me too llenó las bocas de todos los presentes con discursos que dar en la última entrega de los Globo de Oro. Ni un micromachismo ni medio se podía escapar ante la atenta mirada de la madre de todos, Oprah Winfrey. Galardonada con el Globo de Oro honorífico Cecil B. DeMille, Oprah pronunciaría unas palabras con el poder de poner la piel de gallina y a la vez de mover el mundo. “Quiero que todas las niñas que me están viendo aquí y ahora sepan que un nuevo día se acerca. Y cuando finalmente se ponga, será gracias a un montón de mujeres magníficas, muchas de las cuales están aquí hoy, y un puñado de hombres fenomenales, que luchan duro para asegurarse de que se conviertan en los líderes que nos lleven a un tiempo donde nadie nunca vuelva a decir ‘me too’ (yo también)”.

A la mañana siguiente de verlo la niña que llevo dentro, y que un día soñaba con que su trabajo destacara en un “mundo de hombres”, se levantó con energía y se puso a escribir ese guión que tenía atascado por falta de palabras.

Porque las palabras importan. Y la forma en que se dicen inspira.

Estamos ante un momento de primeras veces en el mundo del cine. Oprah apuntó ser la primera mujer negra en recoger un Cecile B. DeMille y Rachel Morrison es la primera cinematógrafa de la historia nominada a un Oscar. Sólo una mujer directora, Kathryn Bigelow, en la historia de los 90 premios Oscar ha sido nominada y se ha hecho con el galardón y este año presenciaremos la segunda nominada de la historia en esa categoría, Greta Gerwig. En España sólo tres mujeres han recogido Goyas a la mejor dirección, y este año fue uno de ellos gracias a Isabel Coixet; y además a la mejor dirección novel de mano de Carla Simón. A riesgo de caer en una analogía visual con el caso de Harvey Weinstein, insisto: este no es el momento de ir en calzoncillos, Señor Saura.